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11/11/2006 Los Tres, Zoé y CeratiOhh, sí. Otra vez el Palacio de los Deportes, esta vez la cita era para ir a ver y sobre todo escuchar a esas tres joyas del rock latinoamericano contemponareno: Los Tres, Zoe y Cerati. Y vaya, es un buen paquete para una sola noche, demasiado placer musical, pues bien podría estar cada una de estas bandas una noche con lleno absoluto, pero desgraciadamente eso no fue posible y aunque lo fuera, el presupuesto de uno es mínimo para escuchar por tres noches, tres distintas delicias musicales.
La llegada al edificio en forma de concha de chocolate fue temprana, aun los vendedores no oficiales de playeras y recuerditos no acababan de poner sus puestos. Pase a formarme en una fila improvisada y poco después entramos con las típicas revisiones de seguridad. Afortunadamente no hubo torteada ni nada por el estilo, sólo una llamada de atención por no subir bien los brazos. Adentro a sentarse y a contemplar miles de asientos vacios y pensando si de verdad ese lugar iba a llenarse. Mientras, continuaban las pruebas de sonido, el staff de Los Tres probaba unas guitarras. Las pizzas, papas, refrescos, cafés, aguas y chelas comienzan a pasar frente a mi. Parece que la estabilidad macroeconómica aquí no existe -¿de verdad existe?. Los precios están por las nubes en el domo de cobre. Yo sin un quinto y ellos ladrones, quien pierde es mi estomago.
Por fin el concierto inició, como era de esperarse Los Tres abrieron. Tecnicamente es la banda menos conocida, la menos valorada pero de gran, gran, calidad. Iniciaron tocando una rola de su nuevo disco, mientras el animo del público iba cada vez más en aumento. Llegaron temas clásicos de la banda como "Olor a gas", "Tirate", "Un amor violento" y "La espada y la pared", canción en la que Ángel Parra nos deleitó con su increible talento para tocar la guitarra, como si esta fuera un extensión de su cuerpo. Las cosas pintaban muy bien y más cuando Emmanuel del Real entró al escenario a tocar con la banda mientras a mi lado algunos le gritaban "¡Cristo!" en obvia alusión a su aspecto físico. El momento de extasis con la banda fue cuando el resto de los tacubos entraron en escena y tocaron la parte final de la rola más comercial y no de menor calidad "Dejate caer", con lo que empezó una pequeña coreografía y bailecillos locos de Rubén Albarrán ("Juán", "Pinche Juán", "Rita Cantalagua", "Gallo Gass", "Elfego Buendía" y los personajes que falten) para que al final todos cayeran, pero tocando aun. Parecia que no habría más de Los Tres, pero volverían para tocar finalmente esa rolota llamada "La Torre de babel" en la que Rubén Albarran, ya sin los demas integrantes de Café Tacvba cantó junto con Alvaro Henriquez. Al final un merecido "Oe, Oe, Oe, Oe, Los Tres, Los Tres"por parte del público. Simplemente increible.
Pasó un rato, tal vez 20 minutos. Se apagaron las luces y unas cortinas rojas en forma de triángulo que ya habian fallado en el descanso dieron la entrada a Zoé. De inmediato llegaron los empujones. Weyes que había visto a algunos metros de mi hace un rato estaba ya hombro a hombro con ellos, y vaya que tuve una posición privilegiada durante todo el concierto. Pero para ser sincero, esperaba más de esta banda, pues para empezar León Larregui perdió la voz desde la primera canción, pero aún así cantó como pudo. Hubo también una pantalla con escenas de bombas, astronautas o paseos por el espacio sideral, todo acorde a la canción que se tocaba, además de una sorpresa que León nos había adelantado desde el inicio de la participación de Zoé, la cual resultó ser el guitarrista de Franz Ferdinand, Nick McCarthy que interpretó el tema "Human space volt". "Peace and Love", "Sólo" y "Veneno" fueron grandes momentos de la estancia de Zoé en el escenario, tanto que hasta el propio León hizo reverencias al público que coreaba las canciones de la banda con ahinco. Personalmente los momentos cuspide de la banda fueron "Love" y "Soñe". No lograron superar el animo que sus antecesores, Los Tres, despertaron en el público, lo cual no quita que la actuación de Zoé haya sido buena.
Llegó el último descanso y rapidamente, una lona blanca y negra que recordaba inmediatamente a una cebra se puso frente a nosotros, pero no, se trataba o más bien eran rayas, como una especie de "rayos" que emanaban de un centro, claro, el centro era Cerati. De inmediato se sintió el poder de su música y tengo que admitirlo, no soy gran fan de el, conozco pocas canciones, pero sin duda lo vivido este miercoles al escuchar su música es un muy buen inicio. "Me quedo aquí" es una gran rola, lo mismo que "Lago en el cielo" y una que la antecedio, que fue "Cosas imposibles". En verdad Cerati se comio el concierto, en ningun momento hubo algo flojo, interactuó con el público y con sus músicos, llamando al baterista "bazofia". Canto como ningun otro de los artistas que se presentó esa noche, todos estabamos a sus pies y él para servirnos, no por nada regreso dos veces después de que "ya se iba". Y en el concierto, a media luz, un clásico del rock en español: "Te para tres" que fue uno de los más grandes momentos y donde de verdad, el público en su totalidad cantaba acompañado de las ya puestas de moda luces de celulares y con uno que otro encendedor en peligro de extinción. Después vino el "Paseo Inmoral" y el fabuloso "¡Gracias por venir!". Fantastica noche, soberbia, con sabor latino, sabor mexicano, chileno y argentino.
A la salida, un caos, los rios de gente no me dejaban avanzar a contracorriente. Y del caos a la sorpresa: el Metro había cerrado ya. A las 12:20 acabo el concierto, estaba esperanzado que a hasta la 1 a.m. hubiera servicio. No, ya no había. Lo que si encontre fueron microbuses que iban a distintas partes de la ciudad como Indios Verdes, Ciudad Azteca, Neza, Aeropuerto y San Angel. Quise abordar el de San Angel por la relativa cercanía que existe de ese lugar con mi casa copilquense, ya adentro el chofer cobraba 25 pesos por el viajecito, lo que me hizo recordar la inflación alemana después de la mal llamada "Primera Guerra Mundial". Cayó la noche y con ella, de nuevo los ladrones que ante el oportunismo no entienden de inflaciones, hiperinflaciones o macroeconomía, sólo reconocen el sonido de las monedas en sus manos.
Había que hacer un ligero cambio de planes. El Plan A y B fracasaron, el Metro y la micro no me llevarían a casa y con 15 pesos en la bolsa alcanzaba sólo para avisar que estaba bien o para pedir ayuda, así que elegí lo segundo, pero para mi mala suerte, el teléfono de monedas se trago las mías y me dejó con 6 pesos menos. Estos si que ya eran verdaderos problemas. Decidí caminar aunque pareciera una locura. Anduve por el camellón pidiendo un raid, lo que no llegó quizas porque lo pedia en la vía rápida de Churubusco y no en la lateral, aunque llegue a pedirlo en los semaforos y nadie me peló. Caminé, a veces corría, saltaba o trotaba, en una de esas cayeron mis lentes, no me di cuenta, no me parecía que estuviera haciendo movimientos bruscos, disfrutaba y temía un poco de la noche, más bien de la ciudad. A la hora y media de camino me habla Eli, preocupada, así que decido tomar un taxi, ni modo, la aventura terminó, aunque podría iniciar otra con un taxista psicópata. No fue el caso, me toco uno muy amable, platicamos brevemente y tuvo la paciencia de esperarme mientras Eli y yo contabamos los pocos pesos que nos quedaban para la semana y poderle pagar al taxista y a su loco taximetro que tampoco entiende de inflación.
Al final a quitarse la ropa sudada, a beber rica agua simple y a comer algo, lo que sea. Fue un alivio llegar bien aunque fuera a las 2 de la mañana, me adelante dos horas a los previsto que tenia si me iba caminando. Que bueno, senti por fin ricos abrazos y besos y los chillidos de Cristobal y después el típico zumbido en los oidos y el tarareo y canto en silencio de las rolas de esas tres agrupaciones. |
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