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7/1/2007 A cinco años de la Prepa...Cinco años han pasado. Abandoné la Prepa 9 para nunca más volver. Fueron dos años con cinco meses los que estuve en esa escuela. Sin duda muy poco para algo tan, pero tan bueno. Hugo, "Scooby", "Zorro", Jaime, "Limite", Edgar, Ricardo, Nancy Karla, Claudia, "Mula", Burro, Damaris, Bianca, Gisela, Escudero, Mr. Show, "Viny", Joaquín, Checo, Alfonso, "Fosy", "El Indio", Jazmin, la maestra Magda, Vladimir, Irasema, Dante, Diana, Sofía, Julio... mi mundo fue pequeño, sí, pero invaluable. A estos les debo grandes momentos y enseñanzas... y creanme, los recuerdos aun quedan y son bastantes.
Paniagua y Almanza merecen una mención especial, con todo cinismo puedo decir, con perdón de sus allegados que sí me leen, que estos dos hayan sido mis más grandes bufones, igual que el buen "Scooby", que por su culpa hasta su hermana salio perjudicada. Una disculpa sí a la Prepa 9 por todos los rayones con plumón hechos por mi, y claro, Zorro y Edgar. Ni que decir del "Gendarme", ese autómata programado para enseñar cálculo al grupo 659, le debo unas buenas tardes dedicadas completamente a jugar futbol en las canchas y a comerme unas buenas tortas sobre Insurgentes que pagué con un extraordinario que pasé de panzaso. Nada grave.
En sueños he presenciado que regreso a ese templo sagrado, la prepa de Insurgentes, la nueve, la pequeñita prepa nueve. Varios han sido y la frustración es bastante. Las trabes y castillos color azul balneario son inconfundibles al soñar, la biblioteca igual, mientras que los pasillos son lo más nostalgico, era junto con los salones donde se concentraba el desmadre, peleas, discusiones, declaraciones de amor, regaños, risas, decepciones y demás emociones de un preparatoriano ordinario. Son santuarios autenticamente. Son los últimos lugares de relajo antes de entrar a algo "serio" como la Universidad, que inminentemente llegó con todo y dudas.
Esa última tarde algo moría, estaba en el ambiente ese sentir o pesar, no disfrute mi estancia ese día en Prepa 9. Recuerdo perfectamente como con los llamados de prefectos y trabajadores se nos pedía desalojar la escuela. Así, ridiculamente moría una era, una gran etapa. Y después, a reunirse a un café, creo que era el primero que visitaba, allá por los míticos rumbos del metro Potrero que pisamos tantas veces haciendo tontería y media. Pasamos la tarde noche platicando, sellando nuestra amistad, reafirmandola, cantando e incluso haciendola de trovadores. Regalé a Nancy Karla mi atuendo guatemalteco, esa "playera" de indígena comprada en Coyoacán. Poco me importó Blanca aquel día y eso que la obsesión duró algunos meses más. Esa noche no habría "encuentro casual" en el paradero de Indios Verdes. Iba de regreso a casa muy feliz a pesar de la despedida.
Fui después de ese último día dos o tres veces más. Era como un extraño, ese mundo ya no me pertenecía, me había abandonado para darle paso a una generación más que entraba después de su secundaria a conocer dicho mundo y, tal vez sentirse como un extraño también... pero, a pesar de la igualdad, los envidiaré por siempre.
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